7 maneras de no vestir adecuadamente en el trabajo

La manera de vestir de la empresa es algo que hay que se debe cuidar. En función del tipo de negocio que sea y del rol que desempeña cada persona, su vestimenta puede tener mayor o menor relevancia a la hora de conseguir resultados, tanto a nivel interno como externo. Esta manera de vestir tiene que elegirse de acuerdo con la situación, para evitar vestir mal en el negocio.

A continuación, te mostramos siete ejemplos de cómo vestir mal en los negocios:

1 Pasarse de frenada con la ropa, para no conseguir nada

Con la ropa, es muy interesante cumplir el dicho de “allá donde fueres, haz lo que vieres”. Ir de traje cuando no procede o lo contrario, puede provocar una reacción negativa en un cliente, que puede pensar que lo que se le ofrece es demasiado para él, o que se da mucha importancia al envoltorio cuando él lo que necesita es centrarse en el contenido.

A nivel interno, que una persona vista muy por encima de lo requerido puede ser interpretado por sus compañeros como un distintivo de “trepas en la empresa”, un perfil que la gente tiende a evita porque nadie quiere ser víctima de sus ansias de medrar a toda costa, sin importarle los daños colaterales. El grupo puede rechazar, aunque sea inconscientemente, a aquellas personas que se salen de la media con la vestimenta, interpretando su forma de vestir como una amenaza. 

2 Vestir de forma incoherente

Hay que dar ejemplo y si en verano se viste de casual por la jornada reducida, hay que vestir de casual y no de traje, salvo en casos puntuales y justificados. El ejemplo debe venir desde arriba, siendo el jefe quien debe aplicar en primera persona esta coherencia. Algún día habrá que incumplirlo puntualmente porque tocará visitar a un cliente que requiere vestir traje, pero si la norma dice que fuera corbata, se deja en casa para el día a día y punto.

3 La oficina como pasarela de moda

Han centros de trabajo que pueden competir perfectamente con la Pasarela Cibeles y similares. Esta competición para ver quien viste mejor puede tener sentido en algún negocio donde la presencia sea vital, pero sin perder el norte y teniendo en cuenta que lo más importante no es vestir y luego trabajar, sino al contrario. La vestimenta es una característica que decide la persona pero que debe ser coherente con el negocio. 

4 Quedarse corto con la vestimenta puede ser letal

Ante un cliente, la vestimenta es vital para generarle una primera impresión buena. Sólo hay una oportunidad de generar esa primera impresión, por lo que hay que esmerarse para acertar si hay que llevar corbata o no, si es mejor ir de casual informal o elegante. Hay herramientas, como las búsquedas en internet para estudiar previamente la cultura de la empresa, analizar el tipo de negocio y las tendencias en el sector y más. Lo que no hay es disculpa para ir muy desfasado si no se ha hecho este trabajo previo. 

5 Vestir de cualquier manera

Para cumplir se necesita algo más que llevar puesta la ropa adecuada. Se necesita llevarla con cuidado mínimo (planchada, bien colocada, etc.) y limpia, evitando que el olor pueda tirar por tierra el esfuerzo por construir la fachada visual. La ropa influye en la vista, pero no sólo por la elección realizada, sino también por la forma de vestirla y el cuidado de la misma.

Ir de traje dejando un rastro de olor a ropa sucia es la peor tarjeta de presentación que se puede hacer ante un cliente. En el centro de trabajo, de la misma manera, la ropa debe cuidarse para no molestar a compañeros. Es cierto que en algunas profesiones es posible que la ropa a lo largo del día pueda ensuciarse o coger olores, pero siempre se entiende que puede haber una solución (una muda para media jornada o para emergencias), o también que no sea posible y en estos casos se comprende.

6 Vestir como en el siglo pasado, ¿en una empresa moderna?

La imagen que da la ropa es mucho más de lo que a veces puede parecer. Por ejemplo, cuando se habla de empresas modernas y resulta que lo hacen personas que visten como en los años 60. Es muy subjetiva esta interpretación, pero todo influye a la hora de convencer a un cliente de que compre y lo mejor es actuar pensando en el negocio y, si hace falta, dejar un poco más de lado los gustos personales.

7 La ropa como elemento diferenciador: una empresa de clases

A veces la ropa puede ser un elemento diferenciador negativo, provocando que se vea una gran diferencia de clases entre los trabajadores. Sobre todo, cuando hay grandes diferencias salariales, estas diferencias pueden salir a la luz. Si se anima a los empleados a trabajar en equipo para conseguir un frente común, los que tengan más ventaja en este sentido deberían hacer un esfuerzo para acercarse al nivel de la media y no llamar demasiado la atención. Es como si el jefe va a trabajar en un Ferrari, mientras la mayoría van en autobús o metro, la cosa “canta demasiado”.

Ver los comentarios

No hay comentarios aún.

Deja un comentrio